¡Bienvenidos a la Orden Martinista Hispánica!
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Para todos
La ORDEN MARTINISTA HISPÁNICA (en adelante OMH) es una orden Iniciática que anima a sus miembros a desarrollar su espiritualidad a través de la búsqueda del conocimiento, uniéndose en grupos de estudio abiertos a hombres y mujeres de buena voluntad, mayores de edad, sin restricción alguna por razón de raza, nacionalidad, sexo, convicciones religiosas o políticas, y siempre respetando el código ético.
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Un faro de Luz
La OMH es punto de Luz para la coordinación de criterios, dentro de la natural diversidad; para la comunicación entre grupos y para expresar la unión, hermandad, libertad, claridad y transparencia, que deben reinar entre sus miembros y entre todos los Hnos. Martinistas.
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Deseé hacer bien, pero no deseé hacer ruido, porque sentí que el ruido no hacía bien, y que el bien no hacía ruido.
Louis-Claude de Saint-Martin
«La Tradición no cambia, "las tradiciones" evolucionan»
El Camino del Corazón
El martinismo se define como el «Camino del Corazón», es decir: El camino espiritual en el que el sentimiento y la apreciación de lo más sublime, nos acerca a Dios.
La OMH es un organismo responsable, independiente y completamente autónomo en todo el ámbito de su competencia.
El martinismo no persigue ni busca reconocimientos de ningún tipo, social o personal, sino más bien tiene por ideal el desarrollo del hombre a través del conocimiento de sí mismo a la Luz de su origen. El verdadero mérito no se encuentra en los nombres, grados ni distinciones, sino por el contrario, en el desarrollo íntimo y silencioso del conocimiento de la verdadera naturaleza humana y su existencia.
La OMH se propone ayudar a aquellos de sus miembros que deseen unir el conocimiento a la práctica, y tengan la perseverancia de continuar. Pretende, así, responder a las inquietudes interiores de todos sus miembros. Los martinistas somos conscientes de que, si «La Tradición no cambia, "las tradiciones" evolucionan». También somos conscientes de que las palabras nuevas siempre llevan ese aroma indefinible de actualidad, que las hace fácilmente aceptadas, ya que expresan conceptos y sentimientos eternos.
¿Cómo se puede ayudar a estos nuevos miembros? Solo puede existir una respuesta: invitándolos a trabajar sobre ellos mismos, como antaño trabajaron nuestros Maestros Pasados. Papus, precursor del Grupo Independiente de Estudios Esotéricos, ya invitaba a experimentos y teorías metafísicas de su época, siempre que predominase el respeto por el prójimo y se actuase con inteligencia. El hombre consciente salía enriquecido, especialmente porque había llegado allí con una mente despierta y libre de dogmatismos religiosos o doctrinarios.
La Vía Espiritual
Por Papus
Louis-Claude de Saint-Martin, el Filósofo Incógnito, o más exactamente el porta-palabra sobre la tierra de la entidad que se llamaba en el otro plano el «Filósofo Incógnito», ha determinado como sigue las etapas de la vida espiritual:
Hay primero los «muertos-vivientes» los seres que, sobre la tierra, viven una vida completamente material, que no piensan más que en las realidades inmediatamente tangibles y que forman los «Hombres de Torrente». Es este el inmenso rebaño en donde el iniciado debe pescar los seres a evolucionar.
Si, por un incentivo intelectual, por el efecto de una pena, o bien de un amor intenso, se consigue despertar en el corazón de estos seres toscos, la pequeña llama que dormita en el fondo de toda criatura, entonces el Dios interno manifiesta su presencia, se afirma creando el entusiasmo y el Hombre de Deseo aparece.
El deseo es más fuerte, cuando está ayudado por la oración, que todas las fuerzas conocidas, ninguna magia puede alcanzar su poder.
Una vez creado el Hombre de Deseo se prosigue el lento trabajo de circulación de las jóvenes facultades, planetas alrededor del sol Crístico, y el ser humano se transforma a tal punto que se convierte en el «Hombre Nuevo».
Este Nuevo Hombre reemplaza poco a poco, por células de luz, todo lo que estaba oscuro en él. Le sucede por ello que emana bondad, como los Hombres de Torrente emanan calor. Él perdona las ofensas, no tiene jamás pleitos y recibe en silencio las injusticias de la sociedad profana. Él ama a sus enemigos, fuente desconocida a menudo de toda evolución y es verdaderamente un enviado de los poderes superiores sobre la tierra. Que sea un cristiano místico, un Evangelizador, un Babista, discípulo del revelador persa y de sus sucesores, un Budista, habiendo recorrido la vía de las «Verdades de la Salud» o incluso un simple «Antonista», que se una a no importa cuál de las innumerables fraternidades espirituales que honran la humanidad, este Nuevo Hombre es verdaderamente una joya rara en el infierno terrestre.
Atravesando, sin ser conmovido, las pruebas más duras que le envía «el Príncipe de este mundo» a quien no le gusta ver su dominio invadido por extranjeros venidos de un plano celeste, este Nuevo Hombre, si domina todos los terrores y todas las pruebas, conoce por fin el gozo de la unión íntima con el plano divino. Ha quemado todo lo que eran tinieblas, y el Cristo ha resucitado vivo y operante en todo su Ser.
Se convierte entonces en el «Hombre Espíritu». Es un sol en la humanidad terrestre y un guía seguro que sabrá conducir las almas hacia Aquél que no engaña.
Tal es, en resumen, la síntesis de esta vía espiritual, siempre la misma para todas las religiones y para todos los humanos, cualquiera que sea su lengua profana o su hábito externo. Aquél que haya tenido la dicha, una vez en su vida, de encontrar a un «Maestro», nos comprenderá.
Maestro Philippe de Lyon y Gérard Encausse (Papus)
La relación entre Nizier Anthelme Philippe (conocido como el Maestro Philippe de Lyon) y Gérard Encausse (más conocido por su seudónimo, Papus), fue de profunda amistad y una influencia espiritual significativa que marcó un giro en la trayectoria esotérica de Papus.
El Encuentro y la Transformación Espiritual
Papus conoció al Maestro Philippe de Lyon en 1894. Este encuentro fue un punto de inflexión para Papus quien, según sus propias palabras, consideraba a Philippe de Lyon su «maestro espiritual», después de Saint-Yves d'Alveydre, a quien veía como su «maestro intelectual». La influencia de Philippe llevó a Papus a distanciarse progresivamente del ocultismo para acercarse a una forma de misticismo.
El Maestro Philippe de Lyon, terapeuta y benefactor, conocido por sus curaciones milagrosas y su profunda espiritualidad, basaba su «doctrina» en el amor, el perdón, la humildad y el sacrificio. Su enseñanza enfatizaba la importancia de la purificación personal a través de sucesivas existencias (reencarnación) y no creía en la necesidad de intermediarios entre el alma y el «Reino de los Cielos». Esta perspectiva contrastaba con las prácticas ocultistas y la magia ceremonial que Papus y otros discípulos habían seguido previamente.
En una carta a Philippe, Papus expresó su gratitud, afirmando: «Querido y buen Maestro: He recibido su carta, que le agradezco, pues es siempre una alegría el ver su tan deseada escritura. Vd. me ha hecho conocer y amar a Cristo, y por ello le estaré eternamente agradecido». Esta declaración subraya la profunda transformación espiritual que Papus experimentó bajo la guía de Philippe, orientándose hacia un servicio desinteresado y una comprensión más mística del cristianismo.
