Aceptar… Aceptarse
Aceptar... Aceptarse
Aceptar viene del latín acceptare recibir, es decir, no rehusar.
Nos limitaremos hoy a hablar de la aceptación de lo que nos ocurre y de la aceptación de nosotros mismos.
Si lo que nos pasa va en el mismo sentido que nuestros deseos, no hay problema para aceptarlo. Estamos contentos de aceptar y eso es todo. El problema surge cuando el evento es contrario a nuestros deseos. Se ven alteradas nuestras costumbres, sentimos en peligro nuestra seguridad y, por consiguiente, nos cuesta aceptar. Al no querer aceptar, como seres racionales que somos queremos primero comprender. Desgraciadamente, a menudo no hay mucho que comprender ya que lo que nos sucede la mayoría de las veces, escapa a nuestro control y a nuestra voluntad, lo que hace que no podamos actuar en consecuencia y que nos sintamos a disgusto. Un buen razonamiento sería el decirnos que, puesto que está por encima de nuestras fuerzas, lo mejor es aceptar. A menudo, la aceptación nos trae la comprensión, mientras que la búsqueda de la comprensión difícilmente nos lleva a la aceptación. «Cuando el corazón acepta, la razón comprende».
Pasemos ahora a la autoaceptación. ¿Por qué nosotros, martinistas, deberíamos aceptarnos nosotros mismos? Una respuesta sería que, mientras no nos aceptemos, no podremos aceptar a los demás y, si no aceptamos a los demás, estaremos encerrados en el terreno del ego y seguiremos siendo «Hombres de Torrente».
Existe el peligro de mal interpretar esta autoaceptación. Reconocer y aceptar los propios defectos no implica que los demás deban soportarlos. Aquél que, reconociendo y aceptando sus defectos, no hace nada para corregirlos es más egoísta de lo que cree.
Veamos pues qué significa aceptarse a sí mismo. Significa aceptarse sin condiciones tal cual somos siempre y en todas circunstancias. Esto nos hace reflexionar. ¿Por qué deberíamos aceptarnos cuando estamos en situación de fracaso, en posición de inferioridad, a disgusto, deprimidos o bien altaneros, egoístas, coléricos o ruines?… Pues, porque precisamente en tales situaciones es cuando podemos trabajar para mejorarnos. Debemos entonces apelar a nuestras mejores cualidades, tales como el altruismo que nos lleva hacia los demás para ayudarlos. Haciéndolo así, tomamos conciencia de que mucha gente que no está tan bien como nosotros.
Asimismo, la humildad nos permite situarnos en nuestro verdadero lugar y pedir ayuda, si fuera necesario, a quienes nos aman. Para poder aceptarnos a nosotros mismos debemos, sobre todo, aceptar las circunstancias y los acontecimientos. Si así lo hacemos, habremos dado un gran paso en el sentido del conocimiento de nosotros mismos. Sabed además que la actitud de aceptación nos trae la paz interna y que la paz interna nos trae la alegría de vivir.
Emilio Lorenzo
