El intermediario

El intermediario

¿Podemos hacerlo todo por nosotros mismos o necesitamos un intermediario?

Cuestión difícil, ya que, si bien pretendemos resolver cierto número de cosas referentes al mundo material sin intermediario exterior, muy distinto es en lo concerniente a la actividad psíquica o al mundo del espíritu.

Para cuidar enfermedades del cuerpo cuando la automedicación es insuficiente, nos vemos obligados a llamar a médicos u otros profesionales. En lo relativo al terreno espiritual, antes podíamos llamar a los curas. Digo ciertamente «antes» porque, si bien es cierto que el facultativo tiene necesidad de reciclarse constantemente para responder a las demandas de los pacientes, el no-reciclaje de los curas, en general, hace que ya no puedan responder de forma adecuada a las demandas, por no decir exigencias, del mundo actual.

El hecho prescindir hoy en día, generalmente, de intermediarios entre nosotros y Dios no ha facilitado las cosas. En los tiempos actuales, la puesta en duda de la noción misma de autoridad ha hecho que el hombre se crea autosuficiente. Ha perdido el sentido de jerarquía. De hecho, el hombre se siente solo no porque se haya aislado de la multitud sino porque la comunicación, de la que siente necesidad en el terreno espiritual, es una comunicación dirigida más hacia «dentro» que hacia «lo alto».

¿Deberíamos encontrar nuevos intermediarios? Cuestión delicada ya que, a menudo, si los intermediarios aportan respuestas a nuestros interrogantes, a la vez nos prohíben, más o menos explícitamente, que podamos plantearnos otras cuestiones invocando, por ejemplo, el dogma.

¿Tendríamos que buscar nuevos intermediarios a medida que sentimos necesidad de ellos? Si así fuera, es muy importante que no nos apoltronemos en nuestros viejos hábitos y que estemos atentos al nacimiento de esta necesidad, antes de que cualquier intermediario se apropie de ella y pretenda detener la respuesta.  ¿Y nuestro Maestro Interior?...

Emilio Lorenzo