La Iniciación, puesta en palabras
La Iniciación, puesta en palabras
Recibir, dar, compartir, participar, comulgar …
Cada candidato tiene sus razones propias para entrar en una orden iniciática en general, y más particularmente en un grupo. Es importante que aquél que se sienta empujado a dar este paso analice dichas razones.
Quizás la razón principal tenga una estrecha relación con el prójimo. Si tal es el caso, ¡atención! Intentemos ver por qué quiere salvar el mundo, ayudar, curar, rezar por los demás y hacer pasar un mensaje. Veamos si todo ello esconde una huida hacia adelante que le permitiría no tener que resolver ciertos problemas personales, antes de querer resolver los de los demás. Si no estáis en ese caso, vuestra iniciativa es válida y encontraréis una ayuda en el martinismo.
Se puede entrar en un Grupo Martinista para recibir, adquirir un conocimiento, encontrar una ayuda, un sostén, una «familia». Es el caso de personas que piensan que no tienen cosa alguna que dar y que esperan demasiado de los demás. Para empezar, es un buen paso, pero ello no debe quedar ahí. Prolongar esta etapa lleva a «comer a dos carrillos» y pasarse la vida comiendo con avidez, con lo que uno se impide evolucionar.
Se puede entrar en un Grupo Martinista para dar. ¿Qué es lo que queremos dar? ¿Lo que tenemos? ¿Lo que nos han dado? ¿Hemos intentado conocer lo que los demás desean recibir o qué es lo que necesitan? ¿Creemos poseer la verdad?
Se puede entrar en un Grupo Martinista para compartir. A primera vista, se podría pensar que compartir (compartir algo o con alguien) del latín pars, partis, parte) y poner en común son la misma cosa. En otro sentido, compartir quiere decir dividir en varias partes. El hecho de compartir una cosa no tiene en cuenta la procedencia de lo que se reparte, ya que a menudo no se da nada de uno mismo. Se comparte lo que el Grupo aporta. En un Grupo Martinista se puede compartir una enseñanza, conocimientos, una tradición… En este caso, el individuo está ahí para recibir, para formarse. Más tarde, aporta alguna cosa para compartirla: a esto se le llama participar.
Se puede entrar en un Grupo Martinista para participar. Aunque esta palabra contenga también «part», se trata ahora de una parte que uno no guarda para sí mismo. La participación comporta una cooperación y para ello el prójimo es necesario. Uno se «alista», aporta su contribución…, en fin, está activo.
También se puede entrar en un Grupo Martinista para comulgar. Comulgar viene del latín cristiano communicare, asociarse, participar. Se entra en un Grupo Martinista para asociarse a los demás hermanas y hermanos con la finalidad de participar en los trabajos colectivos en común-unión (del latín communio, comunidad), es decir, como miembros de una comunidad, una comunidad espiritual de martinistas agrupados en el seno de una Orden, que han formalizado su ingreso en esa comunidad por medio de la Primera Iniciación, la cual integra, provisionalmente, al impetrante en la Cadena.
Emilio Lorenzo
